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  • Cada día con Francisco de Asís

Febrero 18

Pocos días después acudieron a ellos otros tres varones de la ciudad de Asís. Fueron los hermanos Sabbatino, Juan y Morico el Chico. Humildemente le rogaron al bienaventurado Francisco que por favor les acogiera en su compañía. Y él los recibió con bondad y contento. En cambio, cuando recorrían las calles de Asís pidiendo limosna, casi nadie quería dársela. Más bien les decían: «¡Habéis despilfarrado los bienes propios y queréis ahora devorar los ajenos!» Por lo cual sufrían extrema penuria. Incluso sus familiares y los de su propia sangre los perseguían, y los conciudadanos, pequeños y grandes, hombres y mujeres, los tenían en nada y los escarnecían como a necios y estólidos. La única excepción era el obispo de Asís, a quien el bienaventurado Francisco acudía con frecuencia en demanda de consejo. Lo que incitaba a los parientes y consanguíneos a perseguirles y a otros a burlarse de ellos era que entonces no había quien, abandonando lo suyo, se pusiese a pedir limosna de puerta en puerta. En cierta ocasión que el bienaventurado Francisco fue a visitarlo, el propio obispo le declaró: «Muy dura y áspera me parece vuestra forma de vida en lo que se refiere a no poseer ni tener nada en este mundo». Le contestó el santo de Dios: «Señor, si tuviésemos algunas propiedades, necesitaríamos también armas para defenderlas. Pues son ellas motivo de un sinfín de querellas y pleitos, que suelen estorbar al amor de Dios y del prójimo. Ésta es la razón por la cual no queremos poseer ningún bien material en este mundo». Tal respuesta gustó al obispo.

(AP 17)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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